Guía Completa del Embarazo

El bebé está allí: El resultado del test casero ha sido confirmado por el médico, y ya no quedan dudas de que "aquellos primeros síntomas" eran las señales iniciales de su presencia. Entonces, la información que teníamos hasta el momento nos parece escasa: necesitamos saberlo todo al respecto. Más de lo que ese profesional nos cuenta, porque sabemos que cada día se produce un cambio, e intentamos detectarlo para vivirlo en plenitud. Elegir la ropita, imaginar su carita o su piel, seleccionar el lugar en el que nacerá, al obstetra, al neonatólogo y al pediatra son tareas de los padres. A lo largo del embarazo resulta fundamental cumplir al pie de la letra con todas las pautas que nos indique nuestro médico, tanto respecto de nuestro cuidado personal como de los análisis y chequeos, respetando el tiempo para cada uno, porque más allá de los conceptos generales, cada mamá – y cada bebé – tiene sus particularidades.

Esos primeros síntomas…

Para contar lo que ocurre a cada momento, podemos comenzar diciendo que el embarazo se dividirse en tres períodos aproximados de tres meses cada uno. Así, durante el primero se conformará el bebé, en tanto que el segundo y tercero tendrán como objetivo la maduración de sus órganos y la mayor parte de su tamaño completo. Pero vayamos por partes.
La fertilización e implantación del embrión provocan la falta de ciclo menstrual, y ésta suele ser la primera señal clara de embarazo en las mujeres con períodos regulares.

Los primeros síntomas serán:

Náuseas: En este caso se las conoce como "enfermedad matinal, puesto que generalmente se producen al comenzar el día, cesando luego. Si se extendieran por más tiempo o si se llegara al vómito es indispensable consultar con el médico. Habitualmente, náuseas y vómitos desaparecen luego de los tres primeros meses de embarazo.

Micción más frecuente que la habitual: Es el resultado de la presión que el útero ejerce sobre la vejiga

Sensación de hinchazón, de sensibilización o de dolor en los senos: Especialmente en la zona que rodea los pezones como consecuencia de los cambios de niveles hormonales que los preparan para amamantar.

Somnolencia y retraimiento: la percepción inconsciente que la mujer tiene de su embarazo casi desde el inicio, le hace necesaria una mayor "conexión" consigo misma, que también le sirve para "revisar" sus dudas, temores y deseos.

Primer trimestre: Progesterona, ese nombre clave…

Es la hormona producto del cuerpo amarillo que se forma en el ovario luego de la fecundación, y la encargada de desencadenar los cambios en las glándulas suprarrenales, tiroides e hipófisis.

Una de las modificaciones principales dentro de esta etapa es el aumento – de hasta el 40%- del volumen normal de sangre normal de la madre, cuya cantidad extra tiene como objetivos principales sus propios riñones, útero, pulmones, senos y piel. Como consecuencia de ello, es muy común que algunas embarazadas sientan sus manos y pies más calientes que lo habitual.

Pero también servirá para abastecer al bebé mediante la placenta, conformada con las células externas del huevo fertilizado y que, alrededor de la duodécima semana será ya un órgano separado de aquél. Dentro de ella, pero sin mezclarse con él, los vasos sanguíneos del bebé son parte del sistema circulatorio materno. Esta es la forma mediante la que se realiza un intercambio sustancial: la madre enviará sustancias vitales – oxígeno y materias nutritivas -, en tanto que el bebé le remitirá sus productos de desecho – anhídrido carbónico y compuestos de nitrógeno. Como si esta tarea fuese poca, la placenta tendrá además la misión de proteger al bebé de sustancias nocivas para su salud, al tiempo que produce hormonas que colaboran en la protección del embarazo.

También las mamas comenzarán a prepararse, aumentando su tamaño y poniéndose tensas. Así se iniciará la producción de calostro – sustancia inodora de color pálido o amarilla y espesa, muy rica en proteínas- que posteriormente, y hasta que aparece la leche (alrededor del quinto día después del parto), cumplirá con todas las necesidades nutricionales del recién nacido. La cintura se ensancha, la nariz y el mentón se agrandan ligeramente, en tanto que el cambio en el sistema nervioso se pondrá de manifiesto mediante la presencia de rubor. En ese marco, una hormona pigmentaria – la melanina- oscurecerá la zona que rodea los pezones, formará una línea parda en el abdomen y – con frecuencia- matizará la frente, mejillas y nariz de la futura madre.

Vómitos, náuseas, mareos, exceso de salivación y somnolencia son algunos de los otros síntomas que pueden caracterizar esta etapa del embarazo.

Segundo trimestre: … y el vientre va creciendo!

El importante aumento del tamaño del útero hace cada vez más evidente el embarazo: ahora ocupa la cavidad abdominal desplazando hacia arriba el resto de los órganos. Pero también es posible detectarlo colocando la mano en el abdomen: su borde superior – o fondo del útero- alcanza el ombligo, aunque tanto su tamaño final como su posición dependerán de la cantidad de embarazos anteriores, de la postura del ombligo y del peso de la mujer. Entre los efectos que tiene ése desplazamiento debe señalarse que el peso del útero, al recaer sobre la vejiga, provocará la necesidad de orinar con frecuencia, como dijimos antes.

El mayor trabajo del corazón materno tendrá como objetivo bombear la sangre necesaria hacia la placenta, que segregará hormonas que reemplazarán las funciones de la hipófisis y los ovarios. Al mismo tiempo, disminuye la tonicidad habitual en las venas – que además se dilatan generando en ocasiones la aparición de várices- y los músculos lisos – lo que puede provocar estreñimiento.

Pero no todas son malas noticias respecto de la estética de nuestro cuerpo. Gracias a la buena irrigación sanguínea, otros síntomas que caracterizarán a este período serán una mejoría notable en el aspecto de la piel y del cabello, que crecerá sedoso y abundante.

Tercer trimestre: Se acerca el gran momento

Ya es posible comenzar a identificar la postura del bebé y las distintas partes de su cuerpecito. Durante este lapso se calcula que la madre – en una mujer de 60 kilogramos- habrá aumentado su peso original entre 9 y 12 kilos, aproximadamente.

Hacia la semana número 32, el bebé se coloca cabeza abajo, en tanto que en la madre puede aparecer la formación de gran cantidad de calostro. Alrededor de la 36º semana, el útero ocupará casi toda la cavidad abdominal, generando una serie de síntomas característicos al empujar la pared frontal hacia afuera en busca de mayor espacio. Así, ejerce su presión sobre el diafragma – músculo que sirve de lecho a esa cavidad -. Entonces, pulmones y estómago pueden provocar falta de aliento; pero la presión sobre ésos órganos disminuirá un tanto cuando, hacia las últimas semanas de embarazo, el bebé se encaje en la pelvis. En esta etapa, otra hormona será la encargada de provocar el relajamiento de la estructura de sostén de la embarazada – conformada por huesos, ligamentos, músculos y tendones -, preparando su cuerpo para el parto.

En esta etapa nuevas ansiedades y temores se mezclarán con la alegría. Ahora, miedos e incertidumbres vinculadas con el parto y la crianza matizarán las horas de la madre. La forma como ha transcurrido el embarazo hará que a cada mujer le parezca breve o prolongado, aunque dure lo mismo. Tener un profesional en el que se confía y respetar todas sus indicaciones; darse tiempo para elaborar cada etapa y compartir alegrías, dudas y angustias con quien nos pueda comprender, especialmente con nuestra pareja que, a su modo, también las vive… En fin, disfrutar plenamente este período único y mágico, aún cuando las cosas no marchen del todo bien, es otra de las cosas que también se transmite al bebé. Y frente a todos los momentos difíciles que pueda presentar nuestro embarazo, seguramente nos ayudará considerar que la llegada de un hijo, ese ser único e irrepetible, siempre cambia nuestra vida para mejorarla.

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